El nacimiento tiene una parte inevitablemente impredecible. No podemos saber exactamente cuándo comenzará el trabajo de parto, cuánto durará ni si durante el proceso aparecerá alguna situación que requiera cambiar lo que imaginábamos. Eso no significa que no puedas prepararte. Un plan de parto es una herramienta que te permite pensar con anticipación cómo te …
El nacimiento tiene una parte inevitablemente impredecible. No podemos saber exactamente cuándo comenzará el trabajo de parto, cuánto durará ni si durante el proceso aparecerá alguna situación que requiera cambiar lo que imaginábamos.
Eso no significa que no puedas prepararte.
Un plan de parto es una herramienta que te permite pensar con anticipación cómo te gustaría transitar el trabajo de parto, el nacimiento y las primeras horas con tu bebé. También sirve para conversar estas preferencias con el equipo que va a acompañarte y conocer qué alternativas existen en el lugar donde vas a tener a tu bebé.
No se trata de diseñar un parto perfecto ni de decidir de antemano cada detalle. Se trata de llegar informada y poder participar activamente en las decisiones sobre tu atención.
¿Qué es un plan de parto?
Es un documento en el que podés dejar expresadas tus preferencias para el trabajo de parto, el nacimiento y el período inmediatamente posterior.
Puede incluir cuestiones como:
- quién querés que te acompañe;
- cómo preferís moverte durante el trabajo de parto;
- qué posiciones te gustaría probar;
- qué opciones de alivio del dolor querés conocer o utilizar;
- cómo querés recibir información antes de una intervención;
- qué ambiente preferís durante el nacimiento;
- qué te gustaría que suceda inmediatamente después de que nazca tu bebé;
- contacto piel con piel;
- inicio de la lactancia;
- acompañamiento en caso de cesárea;
- cuidados iniciales del recién nacido.
No existe un único modelo correcto. El plan debería reflejar qué es importante para vos.
Un plan no significa que el parto tenga que suceder exactamente así
Este punto es fundamental.
El plan de parto expresa preferencias, pero no permite anticipar todas las situaciones clínicas que pueden aparecer durante un nacimiento.
El trabajo de parto puede evolucionar de una manera diferente a la esperada. Puede ser necesario modificar una conducta o realizar una intervención por la salud de la persona gestante o del bebé.
Por eso, es más útil pensar el documento como una guía para la comunicación que como un guion que necesariamente debe cumplirse de principio a fin.
Prepararse también implica contemplar alternativas.
En lugar de pensar únicamente:
“Quiero que mi parto sea de esta manera”.
Puede resultar más útil preguntarse:
“Si todo evoluciona normalmente, ¿qué prefiero? Y si algo cambia, ¿qué cosas siguen siendo importantes para mí?”
¿Para qué sirve?
Preparar el plan obliga a hacer algo muy valioso antes del nacimiento: informarte y conversar.
Mientras lo armás pueden aparecer preguntas que quizás todavía no habías considerado.
¿Quiero moverme durante el trabajo de parto?
¿Quién quiero que me acompañe?
¿Qué opciones existen para aliviar el dolor?
¿Qué ocurre si necesito una inducción?
¿Qué sucede si finalmente necesito una cesárea?
¿Puede mi acompañante permanecer conmigo?
¿Qué pasa con mi bebé inmediatamente después del nacimiento?
Esas preguntas permiten llegar al parto con más información sobre las alternativas disponibles.
En Argentina, muchas de estas cuestiones también son derechos
La Ley Nacional 25.929, conocida como Ley de Parto Respetado, reconoce derechos durante el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el posparto.
Entre ellos se encuentran el derecho a recibir información clara, ser tratada con respeto y preservar la intimidad, participar en las decisiones sobre la atención y estar acompañada por una persona elegida durante el trabajo de parto, el parto y el posparto.
También establece que deben respetarse los tiempos biológicos y psicológicos evitando prácticas invasivas y medicación que no estén justificadas por el estado de salud.
Por eso, un plan de parto no debería entenderse simplemente como una lista de “pedidos especiales”. Muchas de las cuestiones que puede contener están relacionadas con derechos reconocidos durante la atención.
Qué podés incluir en tu plan de parto
No necesitás incluir todo. Elegí los aspectos que realmente sean importantes para vos.
1. Acompañamiento
Podés dejar expresado quién querés que te acompañe durante el trabajo de parto y el nacimiento.
Además del nombre de la persona, es conveniente hablar previamente sobre qué tipo de acompañamiento necesitás.
Tal vez quieras que esa persona te ayude a moverte, recuerde algunas de tus preferencias, te acompañe durante las contracciones o simplemente permanezca cerca.
El acompañante también puede conocer previamente el plan para ayudarte a comunicar tus preferencias cuando estés concentrada en el trabajo de parto.
2. Movimiento durante el trabajo de parto
Si tu situación clínica lo permite, podés conversar sobre la posibilidad de caminar, cambiar de posición y utilizar diferentes recursos durante el trabajo de parto.
Algunas personas prefieren permanecer de pie durante determinadas etapas. Otras encuentran comodidad sentadas, apoyadas, en cuatro apoyos o utilizando una pelota.
No existe una posición que resulte cómoda para todas.
La posibilidad de moverte permite ir descubriendo qué necesita tu cuerpo en cada momento.
3. Ambiente
También podés pensar qué condiciones te ayudan a sentirte segura y tranquila.
Por ejemplo:
- iluminación tenue;
- reducir conversaciones innecesarias;
- escuchar música;
- mantener cierta privacidad;
- limitar interrupciones cuando sea posible.
Algunas preferencias dependerán de las posibilidades y normas de la institución.
Por eso es útil averiguarlas antes.
4. Manejo del dolor
No existe una única manera correcta de atravesar el dolor del trabajo de parto.
Podés informarte sobre estrategias no farmacológicas y farmacológicas y conversar con tu equipo sobre cuáles están disponibles.
Entre las medidas de confort pueden encontrarse el movimiento, los cambios de posición, el acompañamiento continuo, técnicas respiratorias, masajes o el uso de agua caliente cuando la institución lo permite.
También podés consultar previamente qué opciones de analgesia farmacológica ofrece el lugar donde vas a parir.
Tu decisión tampoco tiene que ser definitiva.
Podés llegar pensando que preferís evitar una analgesia y solicitarla durante el trabajo de parto o imaginar que vas a utilizarla y finalmente decidir que no la necesitás.
Cambiar de opinión también forma parte de decidir.
5. Información antes de procedimientos e intervenciones
Podés expresar que querés recibir información antes de que se realicen procedimientos siempre que la situación clínica permita esa conversación.
Una explicación debería ayudarte a comprender:
- qué está sucediendo;
- qué intervención se propone;
- por qué se recomienda;
- cuáles son sus beneficios;
- cuáles son sus riesgos;
- qué alternativas existen;
- qué podría ocurrir si se espera o no se realiza en ese momento.
Participar de una decisión no significa tener que saber medicina.
Significa recibir información suficiente para comprender qué está pasando y poder conversar con el equipo.
6. Posiciones para el nacimiento
También podés conversar sobre las posiciones disponibles durante el período expulsivo.
No todas las personas necesitan parir acostadas boca arriba.
Dependiendo de la situación clínica, los recursos de la institución y la evolución del parto, pueden utilizarse diferentes posiciones.
Podés incluir en tu plan que te gustaría tener libertad para probar posiciones y elegir aquella que te resulte más cómoda cuando sea posible.
7. Episiotomía
La episiotomía es una incisión realizada en el periné durante el nacimiento vaginal.
No debería entenderse como una intervención que necesariamente forma parte de todos los partos vaginales.
Podés conversar durante el embarazo sobre los criterios que utiliza tu equipo para indicarla y expresar que preferís evitar una episiotomía rutinaria, entendiendo que pueden existir situaciones en las que el profesional considere que está indicada.
¿Y si termina siendo una cesárea?
Un plan de parto también puede contemplar una cesárea.
Prepararse para un parto vaginal no significa ignorar esa posibilidad.
Podés conversar previamente qué sucede en tu institución si finalmente es necesaria una cesárea.
Por ejemplo:
- si puede ingresar tu acompañante;
- cuándo podés ver a tu bebé;
- si puede realizarse contacto piel con piel cuando ambos están clínicamente estables;
- qué ocurre si vos no podés realizar ese contacto inmediatamente;
- si tu acompañante puede permanecer con el bebé;
- cuándo puede iniciarse la lactancia.
Tener un “plan B” no significa esperar que algo salga mal.
Significa conocer qué opciones existen incluso si el nacimiento toma un camino diferente al imaginado.
Después del nacimiento
El plan no necesariamente termina cuando nace el bebé.
También podés incluir preferencias para las primeras horas.
Contacto piel con piel
Si la persona gestante y el recién nacido se encuentran clínicamente estables, podés conversar sobre realizar contacto piel con piel inmediatamente después del nacimiento.
Ese primer contacto también puede favorecer el inicio temprano de la lactancia.
Inicio de la lactancia
Si querés amamantar, podés expresar tu deseo de iniciar la lactancia durante las primeras horas y recibir acompañamiento si aparecen dificultades.
No todas las lactancias comienzan de la misma manera.
Pedir ayuda desde el inicio puede ser especialmente útil cuando existen dificultades de agarre, dolor o dudas sobre la posición.
Permanecer junto al bebé
Cuando el estado de salud de ambos lo permite, la internación conjunta favorece que la persona que acaba de parir permanezca con su bebé.
Si por algún motivo el recién nacido necesita evaluación o cuidados especiales, podés preguntar qué está sucediendo, por qué necesita separarse y cuándo podrán volver a estar juntos.
Cómo preparar tu plan de parto
No hace falta escribir cinco páginas.
De hecho, un documento breve y claro suele ser mucho más práctico.
Podés organizarlo en cinco bloques:
Trabajo de parto
Acompañamiento, movimiento, ambiente y manejo del dolor.
Nacimiento
Posiciones, comunicación e intervenciones.
Si necesito una cesárea
Acompañamiento y contacto con el bebé.
Primeras horas
Piel con piel, lactancia y cuidados iniciales.
Algo especialmente importante para mí
Cualquier necesidad personal, cultural, emocional o experiencia previa que consideres relevante comunicar.
Cuándo conviene prepararlo
No hace falta esperar a las últimas semanas.
Podés empezar a pensar tus preferencias durante el tercer trimestre y conversar el documento con anticipación con tu obstetra u obstétrica.
También es recomendable conocer las características del lugar donde vas a tener a tu bebé.
Preguntá qué prácticas realizan habitualmente, qué recursos tienen disponibles y qué políticas institucionales existen.
Un plan funciona mucho mejor cuando se conversa antes del parto.
Preguntas útiles para hacer antes del nacimiento
Antes de terminar tu plan, podés preguntarle a tu equipo o a la institución:
- ¿Puede acompañarme la persona que yo elija?
- ¿Puedo caminar y cambiar de posición durante el trabajo de parto?
- ¿Qué recursos tienen disponibles?
- ¿Qué opciones de analgesia ofrecen?
- ¿Puedo elegir diferentes posiciones para el nacimiento?
- ¿Cómo manejan habitualmente las inducciones?
- ¿Cuál es el criterio para realizar una episiotomía?
- ¿Qué sucede si necesito una cesárea?
- ¿Puede ingresar mi acompañante al quirófano?
- ¿Favorecen el contacto piel con piel?
- ¿Cómo acompañan el inicio de la lactancia?
- ¿El bebé permanece conmigo durante la internación?
- ¿Cómo se comunican las intervenciones antes de realizarlas?
Las respuestas pueden ayudarte incluso más que el documento final.
Modelo simple de plan de parto
Mis datos
Nombre:
Fecha probable de parto:
Institución:
Profesional/equipo:
Persona que deseo que me acompañe:
Durante el trabajo de parto
- Quiero estar acompañada por la persona que elegí.
- Me gustaría poder moverme y cambiar de posición cuando mi situación clínica lo permita.
- Quiero conocer las opciones disponibles para aliviar el dolor.
- Prefiero un ambiente tranquilo y con la mayor privacidad posible.
- Quiero recibir información antes de procedimientos o intervenciones siempre que la situación lo permita.
Durante el nacimiento
- Me gustaría probar diferentes posiciones.
- Prefiero evitar una episiotomía rutinaria.
- Quiero participar en las decisiones sobre mi atención.
- Quiero que mi acompañante permanezca conmigo cuando sea posible.
Si necesito una cesárea
- Quiero estar acompañada si las condiciones clínicas e institucionales lo permiten.
- Me gustaría ver y tener contacto con mi bebé lo antes posible.
- Si yo no puedo realizar piel con piel, quiero conversar la posibilidad de que lo haga mi acompañante.
Después del nacimiento
- Quiero realizar contacto piel con piel si ambos estamos clínicamente estables.
- Quiero iniciar la lactancia tempranamente si es posible.
- Quiero permanecer junto a mi bebé durante la internación cuando su estado de salud lo permita.
Otras preferencias importantes para mí
Lo más importante no es completar casilleros
Un buen plan de parto no se mide por la cantidad de decisiones que tomaste antes de entrar a una maternidad.
Su verdadero valor está en el proceso previo: informarte, hacer preguntas, conocer tus alternativas y conversar con quienes van a acompañarte.
Podés tener preferencias claras y, al mismo tiempo, dejar espacio para que el nacimiento cambie.
Una cosa no contradice a la otra.
El objetivo no debería ser controlar cada detalle del parto, sino llegar con herramientas para comprender lo que sucede, participar de las decisiones y sentirte acompañada durante el proceso.
Cuándo consultar
Si durante el embarazo presentás sangrado vaginal, pérdida de líquido, contracciones regulares antes de término, disminución o ausencia de movimientos fetales respecto del patrón habitual, dolor intenso u otro síntoma que te preocupe, no esperes al trabajo de parto ni a una consulta programada para plantearlo.
Ante una situación concreta, la evaluación debe ser individual.
Este contenido tiene fines educativos y de divulgación. No reemplaza una consulta, una evaluación obstétrica ni las indicaciones del equipo que conoce tu embarazo.



